Miércoles de Ceniza

 

La Cuaresma se abre con un mensaje a la conversión. Con esta llamada empieza también el Evangelio. Siempre que empezamos un camino tenemos que prepararnos y dejar atrás muchas cosas, ligero de equipaje, como dice la copla «no metas en las alforjas lo que no vayas a usar, son más largos los caminos para que el va cargando demás».
Para llegar a la meta del camino, que es la Pascua de Nuestro Señor Jesucristo, muchas son las cosas que nos sobran y muchas son también, es verdad, las cosas que nos faltan.
Vamos cargados de más, con nuestro consumismo a cuestas, con nuestras preocupaciones y con nuestras ambiciones. Pero nos falta la luz para ver con claridad el camino, y nos falta decisión, esfuerzo, perseverancia y nos falta sentido de compañerismo y amistad.

Polvo somos…

La cuaresma comienza el miércoles de ceniza que se llamaba en un principio «el día del inicio del ayuno». Este día, vemos a los cristianos saliendo de las iglesias con la frente manchada de gris: «han recibido las cenizas», en señal de penitencia.
Este rito de imposición de la ceniza nos recuerda que debemos morir un día y que el mundo en que vivimos es algo transitorio. Pero sobre todo, conforta nuestra convicción: estamos llamados a otra vida, que nos pasará, más allá de la muerte, está la resurrección.
Recibir las cenizas, es reconocer que somos pecadores y que debemos cambiar de vida. Se trata de manifestar públicamente que Dios nos destina a vivir con Cristo. Es iniciarnos en un tiempo de gracia.
Uno de los primeros mensajes que recibimos suena muy bien «conviértanse y crean en el evangelio». La gracia de salvación es preciosa pero se nos regala, siempre que la valoremos, la deseemos, la pidamos y la hagamos fructificar.
Por eso este tiempo de cuaresma es tiempo de oración y de compromiso. Valorar, desear, pedir, fructificar: estamos hablando de actitudes fuertes, intensas.

Segundo bautismo

Una de las actitudes que debemos dar mayor importancia al iniciar la Cuaresma es acercarnos al sacramento de reconciliación. El sacramento de penitencia es un «segundo bautismo», recibiéndolo, al comienzo de la Cuaresma manifestamos nuestra voluntad de cambiar de vida, de convertirnos, de orientar nuestros corazones hacia Dios, tal y como nos invita la liturgia de la iglesia.
No somos cristianos de forma aislada. Todos somos solidarios. Cuando pecamos, somos siempre parte de la iglesia, pero estamos como enfermos. El sacramento de la Penitencia nos vuelve a hacer miembros vivos del cuerpo de Cristo: recibiéndolo al comienzo de la Cuaresma, manifestamos nuestra voluntad de participar activamente, con todas nuestras fuerzas en el crecimiento del cuerpo de Cristo.
El sacramento de la penitencia hace que nos encontremos con Cristo, cabeza de la humanidad viva, liberada del pecado y de la muerte. Hoy todos los cristianos del mundo cuando reciban la ceniza deberán estar conscientes de que Jesucristo es el mismo, ayer hoy y siempre.

fuente: https://lahora.com.ec/noticia/1000053891/home